La cantidad de comida depende de la duración de la ruta, el esfuerzo y la composición del grupo. Te explicamos cómo calcular las comidas, las raciones y la reserva necesaria.

Determina tu ración
El apetito en casa solo ofrece un punto de partida. Después de una subida larga, algunas personas quieren repetir y a otras el cansancio les quita temporalmente las ganas de comer. Antes del viaje, prepara un plato de senderismo, pesa los ingredientes secos y anota cuánto come cada participante. Así verás quién tiene suficiente con una ración normal y quién necesita más después del esfuerzo. Repite la prueba en una caminata de entrenamiento: las condiciones serán más parecidas y podrás estimar mejor el peso total.
Ejemplo: tres participantes comieron 90, 110 y 120 gramos de cuscús seco. Para la olla común harán falta 320 gramos si cada uno come lo mismo. Calcula por separado el aceite, las verduras secas, la carne y las especias para no subestimar el peso de la cena. En unas gachas también cuentan la leche en polvo, los frutos secos y la fruta deshidratada. Sumar las raciones por separado antes de empaquetarlas permite ver la composición completa.
En los platos preparados, revisa el peso total, el número de raciones y el modo de preparación. Un sobre pequeño de sopa rara vez sustituye una cena completa. Un paquete grande, en cambio, puede estar pensado para varias personas y debe repartirse de antemano. Contrasta las cifras con una prueba de cocina para saber cuánta comida cabe en tu olla. El texto frontal del envase no sustituye esta información.
Organiza el menú por días
Anota en una tabla o cuaderno cada plato, el peso del producto y el número de paquetes. Al preparar las mochilas será más fácil comparar el menú con las bolsas reales. Para estimar la energía, usa la etiqueta: multiplica las calorías de 100 gramos por el peso real y divide entre 100. Suma después los platos principales, las bebidas azucaradas, el aceite y todos los tentempiés. Si omites los pequeños añadidos, el total dejará de representar el menú diario completo.
El peso por sí solo dice poco sobre el valor nutritivo. Los frutos secos aportan mucha energía en poco volumen, mientras que las verduras frescas contienen mucha agua. El pan seco ocupa espacio y exige beber más, algo especialmente importante en tramos sin fuentes. También conviene variar: incluso una buena barrita cansa si aparece en cada parada. Alternar alimentos conocidos ayuda a mantener el interés durante toda la ruta.
No existe una norma universal de calorías porque el gasto cambia con las condiciones. Influyen el ritmo, el relieve, la temperatura, el peso corporal y la duración de la jornada. Para una ruta corta, parte de un menú conocido y de raciones habituales. Al volver, anota las sobras y las sensaciones del grupo. Tras varios viajes, esas notas formarán una estadística propia.
Tentempiés y reserva
Conviene repartir los tentempiés diarios por la mañana. Así la bolsa común permanece cerrada y cada persona sabe qué tiene hasta la noche. Si el grupo se separa durante una parada, la ración personal seguirá a mano. Incluye algo salado, algo dulce y alimentos fáciles de comer caminando: las preferencias cambian con el tiempo y el cansancio.
Guarda la comida de emergencia aparte y etiquétala para que nadie la confunda con otro tentempié. Relaciona la reserva con la ruta: cerca de poblaciones basta una pequeña cantidad, pero en una zona remota un retraso tiene más consecuencias. Elige un tiempo de espera realista y calcula alimentos para él. Si el peso final es excesivo, acorta el tramo autónomo o prevé un reabastecimiento.
Embalaje y conclusiones
Separa los productos por comidas y elimina cajas innecesarias. Conserva las instrucciones y la información sobre alérgenos. Pasa el aceite y las salsas a recipientes alimentarios con tapa segura y pruébalos sobre el fregadero. Una fuga descubierta en casa no estropeará el contenido de la mochila. Reparte la comida común teniendo en cuenta el peso del resto del equipo.
Después de la excursión, anota qué sobró, qué faltó y qué platos gustaron. Registra también las raciones que volvían siempre a la bolsa. Estas observaciones son más útiles que una tabla universal porque reflejan el apetito de tu grupo. Hazlas poco después del regreso para conservar impresiones frescas.
Haz un recuento final
El día anterior, coloca las raciones etiquetadas en orden y repasa el itinerario de la ruta en el calendario. Para cada comida localiza la base, los complementos y el agua de cocción; un hueco entre las bolsas revelará enseguida una ausencia. Comprueba que haya combustible, sal y bebidas suficientes. Cuenta por separado los productos de quienes tienen restricciones para que no terminen por error en la olla común. Esta revisión relaciona el menú, el embalaje y la cocina antes de salir.
Fotografía la distribución y guarda la lista sin conexión en el teléfono. Así seguirá disponible sin cobertura. Si se pierde una bolsa o se moja su etiqueta, el registro permitirá saber qué falta y reorganizar el menú restante.








